postalesdesdemexico
Me gustaría que me abrazaras. Abrázame. El amor sólo se siente bien si eres tú, si eres tú quien me abraza y me besa. No te vayas. Quédate. Por favor, no te vuelvas a ir. No te amo porque te necesito, te necesito porque te amo. Sé que suena estúpido, pero no me puedo imaginar una vida sin ti. Solamente quiero que sepas que siempre estaré para ti, sin importar lo que pase. Me gusta cuando me cantas hasta quedar dormido, y me gusta que me abraces al despertar. Me gusta dormir a tu lado. Me gusta besarte las manos. Me gusta escribirte. Me gusta tener días contigo. Me gusta tenerte en mi vida. Por favor, entiende que el amor nunca se sintió tan bien. No quiero que te vayas jamás. De verdad espero que me ames como yo te amo. No puedo creer que a pesar de todo, te sigo amando como la primera vez que nos vimos en aquella estación de trenes. No hay nadie como tú. Todavía te amo, nunca dejé de hacerlo.
Ya no hay nadie aquí. Aquí no queda nada de lo que alguna vez existió. Ni siquiera los recuerdos quedan. Todo se ha desvanecido en esta habitación vacía. Esta casa se está cayendo a pedazos. Voy a la cocina, y de la alacena llena de polvo saco algo de café. Cuesta creer que hace un año todo estaba bien. Me sirvo una taza y miro por la ventana. Ya no hay nada de lo que antes existió. Te has marchado y eso a mi, sinceramente, me mata. Pero yo no puedo hacer nada. Es hora de dejar ir. Tomo otro trago. Y es tiempo de decirle adiós a mi antiguo hogar. Ya nunca más lo será. Ya nunca más serás.
Te ves linda con el cabello corto. Siempre te ves bonita, pero a mí me gusta más cómo te ves con el cabello corto. Te ves hermosa. Me gusta tu risa. Me gusta tu voz. Me gusta tu acento. Me gustan tus ojos. Me gustan tus labios. Me gusta tu piel. Me gustan tus dientes. Me gusta tu nariz. Me gustan las caras que haces cuando te toman fotos. Me gusta cómo escribes. Me gusta cómo piensas. Me gusta que seas sincera. Me gusta hablar contigo. Me gusta tu sonrisa. Me gusta imaginarte. Me gusta hablar de ti. Me gusta sentirte cerca. Me gusta tu cuello. Me gusta tu piel. Me gustaría escucharte cantar. Me gustaría caminar junto a ti. Me gustaría besarte. Me gustaría que me permitieras amarte.

Natalia. Capítulo 3: Viernes

Sin que yo me diera cuenta ya era viernes. Llegué a la escuela y no te vi, así que me recosté sobre mi banca para descansar los ojos y pensar en qué rayos estaba pasando en mi vida últimamente.

— ¡Pereda, Pereda! — escuché mientras me levantaba con pocas ganas.
— ¿Qué pasa? — pregunté seguido de un bostezo y estiramiento, después de abrir los ojos y me percaté de que quién me había llamado eras tú.
— ¡Rápido tienes que ayudarme! — decías toda apresurada.
— Sí, claro. ¿Qué necesita señorita Natalia Rocha? — dije en tono de broma, ya que era la primera vez que me llamabas por mi apellido.
— Muy chistoso Alejandro. ¡Pásame la tarea de Matemáticas! No pude hacerla en mi casa, no entiendo nada — dijiste algo triste y un poco estresada. Busqué en mi mochila mi libreta y te la pasé.
— Toma, está muy fácil, tal vez deberías de poner más atención en clase y no leer libros mientras explican cosas importantes — dije en broma.
— Consideraré tu sugerencia — dijiste mientras tomabas la libreta y yo te sonreía —. Copiaré en recreo, al cabo creo que hoy toca esa clase después de recreo. ¿Qué pasa? ¿Por qué te ríes? — preguntaste mientras yo soltaba una carcajada.
— Me acabo de dar cuenta de que hoy no tenemos esa clase — dije con mucho humor mientras tú me devolvías la libreta y hacías una cara de aliviada.
— Bueno, creo que me salvé. Entonces tal vez me puedas explicar cómo se hacen los casos 5 al 10 de factorización a la salida para yo poder hacer la tarea en mi casa. ¿Qué opinas Pereda? — me preguntaste cuando después me sonreíste.
— Pues, no tengo nada que hacer hoy, si quieres puedo ir a tu casa después de comer y ahí te explico y le avanzamos, ¿te parece bien Rocha? — te dije con un tono de desinterés, como si no me importara tu respuesta.
— ¡SÍ! Es perfecto, además no iba a hacer nada, iba a ver unas películas. ¿Qué te parece si en lugar de que comas en tu casa, ordenamos pizzas, me explicas y vemos unas películas? — me propusiste muy emocionada.
— Está bien, voy a tu casa como a las 4. ¿Está bien?
— Sí, está perfecto.

Después de eso, el día transcurrió con normalidad. No podía creerlo, tenía una “cita” contigo, y lo más curioso del asunto era que tú me habías invitado. Después de clases nos fuimos juntos. Te acompañé hasta tu casa y te dejé en la puerta, te dije que volvería al rato y me sonreíste.

Llegué a casa y me cambié. Hice algo de tarea que era para el lunes y faltando 10 minutos para las 4 salí de mi casa para ir a la tuya. Así, vestido con tenis Converse completamente blancos, pantalones de mezclilla y una playera blanca lisa, además de llevar en una mochila azul donde cargaba mis libretas, mi estuche y una sudadera. Toqué el timbre y saliste a recibirme, llevabas el cabello suelto, la playera blanca y falda del uniforme, y traías unas pantuflas. Te veías un poco más chaparrita de lo normal, eso era porque siempre que llevabas las botas puestas parecíamos casi de la misma altura, pero ahora sí me veía un poco más alto. Me dijiste que pasara. Nunca había entrado a tu casa, los muebles parecían recién comprados, en las paredes había muchas pinturas, era bastante bonita. Llegaste con la guía amarilla de teléfonos y marcamos el número de la pizzería. Después de ordenar, fuiste a tu cuarto para bajar tus libretas, nos pusimos en una mesa para empezar a explicar. Te dirigiste al estéreo y pusiste un disco de The Beatles que era de tu papá. Empezamos repasando caso por caso de la factorización. Yo explicaba, te ponía ejercicios del libro y tú los resolvías a la perfección, te ponías muy feliz y emocionada cada que te salían al primer intento. Llegaron las pizzas y nos tomamos un pequeño descanso. Hablábamos y seguíamos escuchando música. Después de un rato, volvimos a la factorización, y pudiste hacer prácticamente todos los ejercicios que habían encargado, todo tú solita. Te dije “¿Ya ves? Estaba bien fácil”. Solamente sonreíste. Me di cuenta de que ya eran las 7. Estaba a punto de irme cuando me dijiste que me quedara un poco más. Empezamos a ver algo de televisión en la sala de tu casa, seguíamos comiendo pizza y hablando. Yo estaba muy alegre, me sentía muy feliz, ya que había sido mi mejor viernes en meses. Después de un rato, me tenía que ir. Me acompañaste hasta la salida.

— Bueno, nos vemos el lunes supongo — dijiste mientras me ponía la sudadera y me dabas mis cosas.
— Pues, mañana es sábado ¿quieres ir a ver una película o algo así? — te pregunté muy inseguro. Tú te diste cuenta de mi inseguridad y me diste un abrazo.
— Claro que sí, me encantaría.
— Bueno, llegando a mi casa te marco para ver cómo le hacemos — dije muy entusiasmado.
— Me parece perfecto. Bueno, muchas gracias por todo.

Nos despedimos con un abrazo. Y yo me dirigí a mi casa saltando de felicidad y cantando una canción de Bright Eyes.

¿Cuánto tiempo tendremos que esperar para volver a estar juntos? ¿Cuánto tiempo te tomará darte cuenta de que somos el uno para el otro? Dime, amor, ¿cuánto tiempo tendré que esperar? ¿Cuánto tiempo falta para volverte a besar? ¿Cuánto tiempo se necesita para que te des cuenta de que somos el amor de nuestra vida? ¿Cuánto tiempo falta? Por favor, responde esta llamada desesperada y dime, ¿cuánto tiempo hace falta?

Natalia. Capitulo 2: Cruzando la calle

Al día siguiente llegué muy emocionado a la escuela, tenía muchas ganas de verte. Llegaste al salón con un libro en la mano y en lugar de ir directamente hacia tu banca, te acercaste a mí y me saludaste. Me puse muy nervioso, pero lo disimulé y te pregunté acerca del libro.

Es “Hamlet”  dijiste con un tono de aburrición.
¿Y está bueno?  pregunté con ansias ya que nunca había leído algún libro de Shakespeare.
Pues, no está mal, pero prefiero “El Rey León”  dijiste mientras guardabas el libro en tu mochila y te reías muy tranquilamente. Apuntaste hacia mis audífonos y me preguntaste  ¿Qué es lo que escuchas?
Emmm, no sé si te guste - dije mientras acercaba un audífono hacia oreja derecha  es “A lack of Color” de Death Cab for Cutie.
¡VAYA!  dijiste muy feliz  es algo bastante tranquilizante, no sé, su voz es como muy triste pero a la vez te relaja, y esa melodía sencilla es bastante buena. ¿Tocas algún instrumento?  me preguntaste mientras seguíamos escuchando la canción de mi celular.
No, me gustaría aprender guitarra, pero no sé, como que soy demasiado flojo o me da miedo que esté muy difícil, ¿Tú tocas algo?  te pregunté con mucha fascinación.
Sí, de hecho toco guitarra, es como un pasatiempo.

Sonó el timbre y guardé mi celular mientras tú volvías a tu banca. Llegó la maestra y colocó en la ventana unas listas, después dijo una explicación sobre lo que había en aquellas listas, lo que pasaba es que siempre a los alumnos de último año de preparatoria los dividían en áreas “optativas” o especialidades, según la carrera que iban a tomar o la rama a la que iban a estudiar. Fui y vi que nos había tocado en la misma optativa, era un nombre algo así como Químico-Biológicas y de la Salud, algo parecido, ahí iban las personas que querían ser médicos o algo enfocado a ese rubro. Permanecimos en el salón, ya que no nos dividirían sino hasta la siguiente semana, pero a mi no me preocupaba porque me había tocado contigo. Las clases ese día se volvieron muy lentas, me parecían eternas, ya que solo quería que se acabaran y hablar contigo, conocerte más.

Llegó el recreo y te volví a ver a la distancia, yo estaba con mis amigos (que todos habían quedado en una optativa llamada Físico-Matemático, era para quienes querían estudiar ingenierías o algo así) y tú nuevamente sola, leyendo “Hamlet”. Te diste cuenta de que te estaba mirando, te saludé y te dije que te acercaras, hiciste cómo si no te hubieras dado cuenta.

Disculpen morros, ahí vengo  le dije a mis amigos.
¿A dónde va wey? dijo Mauricio en tono de broma.
Déjalo, que no ves que va por esa chica dijo Carlos, señalando a Natalia y adivinando en efecto lo que haría.
Calmados, calmados  intervino Ulises con su tono siempre tan político déjenlo que vaya por su noviecita.
Cállense  dije un poco enojado por los comentarios. — Ahí vengo, voy a traerla para que la conozcan.

Me acerqué y me senté en tu mesa, te pregunté porqué estabas sola, y dijiste “no sé, creo que ya me acostumbré a estar siempre sola”. No supe cómo reaccionar, así que traté de convencerte para que fueras a conocer a mis amigos.


Ven, son buenos chicos, además, les gusta leer como a ti te comenté mientras te tomaba del brazo muy a la fuerza y te llevaba, primero te resistías jugando, ya que ni siquiera era fuerte, pero llegamos. Te presentaste a ellos y viceversa.

A la salida, volvimos a ser los últimos en salir, acordamos volver a irnos juntos a casa. Saqué mi celular y empecé a escuchar música con mis audífonos, te pregunté si querías escuchar y aceptaste. Siempre tenía activada la reproducción aleatoria, así que rara vez los cambios de canción tenían relación. Caminamos hasta el final de la banqueta y nos detuvimos porque iban a pasar varios carros. En eso, empezó a sonar “This Modern Love” de Bloc Party, noté que te emocionaste.

¡ME ENCANTA ESTA CANCIÓN!  dijiste mientras te aferrabas a mi brazo derecho. Yo, sólo te miré a los ojos.
Natalia, creo que ya es hora de avanzar dije muy seriamente.
¿A qué te refieres?dijiste muy confundida.
A que ya no hay carros y hay que seguir caminando.

Me hace daño querer buscarte. Siento como mis órganos quieren desprenderse de mí para ir a encontrarte en la realidad, pero sabemos que es la misma escena nostálgica y trágica que se repite una y otra vez, algo sin solución de lo que ya no quiero vivir atada. Pero no puedo hacerlo sola, quiero ayuda, ruego por algo que me haga renacer en otras formas más fáciles y seguras; rezándole a los santos, a dios y a demonios que me he inventado. Pero ni los sueños me escuchan, se han quedado sordos o es acaso que no entienden mi lenguaje, y los añoro y los detesto a la vez con tantas ganas que todo lo que hago es invocarlos aún sabiendo la respuesta.
No todo el tiempo tengo el temor de verte, es sólo que sé donde te encuentras y si más me acerco más te alucino. Te busco de reojo entre la gente que me pasa a un costado, con una mirada tímida compruebo los rostros desconocidos que se me aparecen y me pregunto si reconoceré el tuyo y a la vez tú el mío. Te busco y no te busco. Si tal hecho sucede, me trastornará la vida. Pero quiero mirarte más allá de donde las ventanas de mi mente me permiten, quiero observarte como a algo desconocido a mis sentidos. Yo quiero que eso me suceda, se lo ruego al destino de rodillas al igual que todo lo que quiero de mí y de ti, que nos suceda sin sucedernos, pero que nos suceda.
“El tema de las letras se resume en el egoísmo de las personas. Son un recuento de todas esas veces que por más que pongas lo mejor de tu parte, lo que recibes es totalmente lo contrario y te das cuenta que al final de todo, lo importante es dejar de esperar y preocuparte por lo que recibes.”

                                                        - CLUBZ

“El tema de las letras se resume en el egoísmo de las personas. Son un recuento de todas esas veces que por más que pongas lo mejor de tu parte, lo que recibes es totalmente lo contrario y te das cuenta que al final de todo, lo importante es dejar de esperar y preocuparte por lo que recibes.”

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